Cena del Señor, Eucaristía o Comunión



CENA DEL SEÑOR[1]
La Cena del Señor (1Co 11:20), conocida también como Comunión (cp. 1Co 10:16), eucaristía (del término griego de dar gracias antes de participar de; cp. Mat 26:26), o el “partimiento del pan” (cp. Hch 2:42), fue instituida por El para su pueblo en la noche que fue entregado (Mat 26:24-26). Está reconocida como una ordenanza de la iglesia por haber sido instituida por el Señor como señal visible de la gracia invisible. El propósito de su observancia enfatiza la orden del Señor de “haced esto en memoria de mí” (Luc 22:19). Es un medio por el cual el Cristo resucitado se hace presente a su pueblo en su gracia redentora. Hay varias interpretaciones de las declaraciones de Cristo en cuanto al pan y la copa como su cuerpo y su sangre (cp. Luc 22:19-20). Algunos lo interpretan literalmente, creyendo en la transformación milagrosa de los elementos. Otros lo entienden como simbólico de la presencia espiritual de Cristo como el que se da a sí mismo en su capacidad salvadora para el sustento espiritual de su pueblo.
t Institución de: Mat 26:26-29; Mar 14:22-25; Luc 22:17-20; 1Co 11:23-25
t Observancia de la iglesia: Hch 2:42; Hch 2:46; Hch 20:7; Hch 20:11; 1Co 10:16; 1Co 11:23-34

Significado de

En memoria de Cristo
t La orden: Luc 22:19; 1Co 11:24-25
t En memoria de la muerte de Cristo: 1Co 11:25-26 (cp. Luc 22:19-20): participación presente con Cristo: 1Co 10:16-17; 1Co 10:21; 1Co 11:20: una anticipación de la venida de Cristo: Mat 26:29; Mar 14:25; Luc 22:16; Luc 22:18; 1Co 11:26: símbolo de la unidad de la iglesia: 1Co 10:16-17

Requisitos de participación
t Creyentes: Hch 2:41-42; Hch 20:7; 1Co 10:16-22
t Discernimiento apropiado de Cristo y su pueblo: 1Co 11:27-34

Entiendo que la "eucaristía (del término griego de dar gracias antes de participar de; cp. Mat 26:26)" (conforme nos indica la cita arriba transcripta) tiene exactamente ese significado y no otro. Consiste en darle gracias a Nuestro Señor Jesucristo por la vida y todos los dones aparejados con ella que son exclusivamente obra suya en su condición de Dios y como su Hijo.
Es decir, su institución no se agota en un mero ritual (aunque no lo excluye).
Implica -según creo- recordar en todo momento, pero con especial particularidad durante las comidas, que Dios nos da la vida, y que Cristo nos salvó y nos dio vida eterna, mediante el sacrificio de su propia persona.
El pan es el símbolo de la vida. Nuestro Señor Jesucristo es el pan vivo o pan de vida. Y el "haced esto en memoria de mí” implica que recordemos lo anterior en todo momento. El acto material (haced) consiste en bendecir y dar las gracias por el alimento corporal que nos es dado, pero -por sobre todo- por el espiritual que le da vida al alimento físico, y con él a nosotros mismos. Detrás de todo lo cual está el Señor Jesús, que está detrás de todo, porque El es la base de todo.
Muchos parecen dar importancia al ritual. Pero para mí esto es accesorio. Porque se puede participar del ritual con la mente en blanco o, peor aún, pensando en otra cosa, o en completa distracción. Con esto no creo que se cumpla la voluntad de Nuestro Señor Jesucristo cuando instituyó la eucaristía. Esto parece que es lo que se significa en 1Co 11:27-34 en donde no se habla de "partir el pan" sino de "comerlo indignamente".
Notemos, además, que se habla de "partir" pero no de "repartir". Esto refuerza la tesis por la cual la eucaristía consiste en dos actos principales: bendecir y dar las gracias. Nuestro Señor Jesucristo hizo esto antes de partir el pan y beber la copa.
La idea que se expresa en Mat 26:26-29; Mar 14:22-25; Luc 22:17-20; 1Co 11:23-25 es la de tomar conciencia del significado del sacrificio de Cristo mediante el simbolismo de bendecir y dar gracias por el alimento diario que da sostén a nuestra vida física, recordando que ese alimento viene y se origina del espíritu. En suma, que la materia es creación espiritual.
El partir y el repartir es el aspecto secundario (pero no menos importante) de los dos primeros actos esenciales (bendecir y dar gracias al Señor). Ha de haber aquí un significado transcendente, y no un simple acto material ritual. No olvidemos del fuerte desprecio del Señor por los rituales, máxime si estos se convertían en actos vacíos de contenido espiritual (que es a lo que tiende a convertirse todo ritual).
Si Jesús es el pan de vida, o pan del cielo, repartir el pan implica repartir a Jesús o –más apropiadamente dicho- compartir a Jesús en todos los actos de nuestra vida, ya sean sociales o individuales. ¿Cómo hacerlo? Aplicando sus enseñanzas, es decir su Evangelio, su doctrina, su mensaje, sus normas, consejos, sentencias y dictámenes. Vivir conforme a sus mandatos.




[1]La Biblia de las Américas De Estudio. Edición: ©2000 Editorial: The Lockman Foundation Copyright: © 1986, 1995, 1997, 2000 Propietario: The Lockman Foundation Lugar: P.O. Box 2279 La Habra, California 90631

Dios, matrimonio y sexo

Para muchos creyentes este titulo será casi herético por incluir la palabra sexo dentro del mismo. Conciben el último término como fuertemente antagónico de los primeros, casi como antónimos.
Los religiosos -casi sin excepción- afirman que el sexo solo es licito dentro del matrimonio. El problema radica en que el concepto de matrimonio varia conforme los distintos credos, y no todos entienden por dicha palabra la misma cosa.
Es mas, hay hasta un concepto civil y otro religioso del matrimonio. Veamos la siguiente definición general del término: 
Matrimonio
Del lat. mater (madre), formado a partir de patrimonium (patrimonio), cuyo sufijo -monium es de origen oscuro. Oficio de la madre, aunque con más propiedad se debería decir “carga de la madre”, porque es ella quien lleva, de producirse, el peso mayor antes del parto, en el parto y después del parto; así como el “oficio del padre” (patrimonio) es, o era, el sostenimiento económico de la familia.
El Diccionario de la Academia define el matrimonio como unión de hombre y mujer concertada de por vida mediante determinados ritos o formalidades legales. Esto es en cuanto al matrimonio civil (v.). | En lo que se refiere al matrimonio canónico (v.), el mismo Diccionario expresa que se trata de un sacramento propio de legos por el cual hombre y mujer se ligan perpetuamente con arreglo a las prescripciones de la Iglesia.
Como se advierte, ambas definiciones contienen, entre otros, el elemento común de la perpetuidad o carácter vitalicio del contrato (o sacramento) matrimonial, concepto válido incluso para aquellos países cuyas legislaciones admiten el divorcio vincular, porque la duración ilimitada del enlace está referida al propósito que anima a los contrayentes, y que es también exigencia legal, en el momento de la celebración; lo que no impide admitir la posibilidad de que la unión conyugal quede rota posteriormente, con disolución del vínculo o sin ella, por circunstancias imprevistas de naturaleza grave. Al establecerse como principio básico de la institución la idea de la permanencia, lo que se quiere señalar es la inadmisibilidad de matrimonios que se contraigan por un plazo o término preestablecido. Ello es así, dejando aparte el aspecto religioso del tema examinado, porque hasta ahora se ha entendido que el matrimonio no es un simple contrato que afecta sólo a las partes contratantes, sino que se trata de una institución que determina luego relaciones paternofiliales con repercusión en la subsistencia de una organización que, como es la familia, constituye el fundamento de un orden social determinado.
Sin embargo, no puede desconocerse que, por la evolución de las costumbres, el principio de perpetuidad, siquiera como intención inicial, se encuentra en franca quiebra, no solo porque ya se habla de la posibilidad legal de celebrar matrimonios aprueba (una de cuyas manifestaciones es la unión prematrimonial de la pareja hombre-mujer, como ensayo o experiencia para contraer luego el vínculo legal), sino principalmente porque las legislaciones de algunos países admiten ya, abierta o encubiertamente, el divorcio vincular, o la separación de cuerpos, por mutuo disenso. 
(Ossorio Manuel. Diccionario de Ciencias Juridicas Politicas y Sociales. Editorial HELIASTA.1008 páginas-Edición Número 30-ISBN 9789508850553. Voz matrimonio)
Ergo, hay matrimonio solo cuando quienes lo contraen lo hacen con intención de perpetuidad y que la duración ilimitada del enlace está referida al propósito que anima a los contrayentes, y que es también exigencia legal, en el momento de la celebración. Esta exigencia legal o canónica (coinciden en ambos tipos de matrimonio) es la de manifestar verbalmente el propósito que anima a los contrayentes, de la duración ilimitada del enlace.
No hay otra forma de conocer dicho propósito excepto que los contrayentes lo expresen verbalmente ante el celebrante.
Ahora bien, ¿hay garantías objetivas que la exteriorización del propósito de perpetuidad sea sincero en el momento en que se lo fórmula?. Mi respuesta es NO, ninguna. Puede ser sincero en ambos, solo en uno de los contrayentes o en ninguno de los dos. En estas dos ultimas situaciones es imposible hablar de matrimonio. Se formalizará  -en tal caso- otro tipo de relación, pero no una relación matrimonial. Entendemos que lo legal ha de atender a lo objetivo, pero nuestro análisis aquí va mas allá de lo simplemente legal. Tratamos de apuntar a lo sustancial del matrimonio. 
Esto está implícitamente reconocido en la segunda parte de la definición cuando el diccionario dice :
Sin embargo, no puede desconocerse que, por la evolución de las costumbres, el principio de perpetuidad, siquiera como intención inicial, se encuentra en franca quiebra.
Ante la evidencia de una naturaleza humana en si misma cambiante ¿tuvo o tiene sentido exigir a esa naturaleza humana intrínsecamente mutable algo *perpetuo*?. Antropológicamente dicha exigencia fue, es y será (en la medida que la naturaleza humana siga siendo lo que fue y lo que es hoy) un despropósito completo y -por demás- absurdo. 
Aquí el principio legal atiende a una realidad humana, social y personal de los contrayentes. Es el reconocimiento que no podemos saber que es lo que piensa, desea o quiere la otra parte, ni cuales son sus intenciones de permanencia, ni la firmeza de ellas (de existir), es decir, si esta es temporal o atemporal. Por supuesto, si siquiera las novios pueden saberlo menos aun un tercero como el celebrante podrá.
Ni siquiera nosotros podemos saber como pensaremos o sentiremos dentro de cinco minutos. Nuestros mas firmes propósitos de hoy pueden esfumarse el día de mañana. 
En suma, el matrimonio tal como se lo entiende hoy día, se reduce a una mera formalidad que no hace a su esencia, excepto en el fuero intimo de los novios, lo que nadie -salvo Dios- puede conocer. Inclusive, a veces, ni siquiera los mismos contrayentes en el acto matrimonial. Sigamos con la otra parte de la definición :
Cuál sea la finalidad del matrimonio constituye tema cuyas soluciones no son coincidentes, pues mientras para algunos es sólo la procreación de los hijos, para otros es la ayuda mutua, moral y material, de los cónyuges, y para otros la satisfacción sexual. Posiblemente sean los tres aspectos mencionados los que encierran el verdadero objetivo de la institución. Ahora bien, como esas tres finalidades, especialmente la primera (procreación) y la tercera (satisfacción sexual) pueden también lograrse fuera del matrimonio, forzoso será concluir que el matrimonio tiene un fin social que consiste en servir de fundamento al grupo familiar que es, a su vez, la base de un determinado concepto de organización de la comunidad y que por eso no es aplicable a pueblos cuyo sistema de vida difiere de la llamada civilización occidental. Esto parece importante porque, tanto por su sentido como por su esencia, ha de entenderse por matrimonio la unión monogámica de hombre y mujer.
Claramente las tres finalidades pueden también lograrse fuera del matrimonio, no sólo la primera y la tercera. Lo que no queda del todo claro es que excluyéndolas forzoso será concluir que el matrimonio tiene un fin social que consiste en servir de fundamento al grupo familiar que es. ¿cuál seria ese fundamento? Y ¿por que seria ese fundamento un fin social? Parece que la respuesta está en la última línea, donde se alude a la monogamia en clara oposición a la poligamia. Así adquiere sentido la mención de la llamada civilización occidental.
Pero entonces, todo lo que en esencia caracteriza al matrimonio no es mas que eso : la unión monogámica de hombre y mujer. Admitiéndose que esta es la base de un determinado concepto de organización de la comunidad y que por eso no es aplicable a pueblos cuyo sistema de vida difiere de la llamada civilización occidental.
Con esto desaparece definitivamente el elemento perpetuidad intencional, lo que es completamente acorde con la naturaleza y falibilidad humana por un lado, y la mutabilidad de las ideas, acciones y conductas humanas por el otro.
Si la triple finalidad puede -y de hecho- se logra fuera del matrimonio, y la intención de perpetuidad es utópica, ilusoria, o difusa, el matrimonio se reduce a una simple apariencia, que es la representada por la ceremonia celebrada ante un tercero (oficial del gobierno o representante religioso), incluida la fiesta y recepción a los amigos y familiares de los novios. 
 Sugestiva es la parte final de la definición de matrimonio cuando expresa :
Teóricamente, la edad para poder contraer matrimonio debería ser aquella en que los contrayentes hubiesen alcanzado la pubertad; o sea, la capacidad para procrear; pero, como esa situación es diferente para cada individuo, las legislaciones han tenido que acudir a la ficción legal de que la aptitud sexual para celebrar nupcias se produce automáticamente en la mujer a una determinada edad y en el hombre a otra, siendo la pubertad en aquélla más temprana que en éste. Lo más corriente es fijar la de la mujer en los doce años, y la del hombre en los catorce. En la Argentina, catorce y dieciséis, respectivamente. (V. IMPEDIMENTO)
(Ossorio Manuel. Diccionario ....Ob. Cit.)
Más allá del aspecto biológico que resalta la definición en esta última parte, nótese como se le da aquí claras connotaciones sexuales al matrimonio. Esto coincide con la idea antigua de matrimonio, en donde este se veía y constituía solo un medio para obtener hijos legítimos, y la función de la mujer dentro del matrimonio se limitaba exclusivamente a proveerle hijos al marido, característica notoria, sobre todo en los pueblos orientales, hasta hoy en muchos casos.
Ahora bien, adviértase también en todo el desarrollo de los conceptos legal y religioso del matrimonio, la ausencia de una palabra-para nosotros fundamental- que es la palabra AMOR. En ningún caso se la menciona. En ningún supuesto el amor se considera elemento ni ingrediente indispensable para el matrimonio. Ni siquiera accesorio.
Analicemos ahora la definición del llamado matrimonio canónico :
Matrimonio canónico
Esta institución, que carece de definición en el Código de Derecho Canónico, es definida por L. A. Gardella como “un contrato legítimo entre varón y mujer, cuyo objeto es el derecho perpetuo y exclusivo sobre los cuerpos, que ambos contrayentes se otorgan recíprocamente, en orden a la procreación; contrato que, en tratándose de cristianos, constituye a la vez sacramento”. Esta definición podría ser objetada en el sentido de que pareciera que, canónicamente, la única finalidad del matrimonio es la procreación, cuando, en realidad, existen otras finalidades, como son la asistencia mutua y aun la satisfacción sexual, inclusive desde el punto de vista de la Iglesia; porque, de otro modo, habría de admitirse canónicamente la posibilidad de disolución del vínculo cuando se hubiese comprobado, en uno de los cónyuges o en ambos, la impotencia generadora, como ocurre con cierta frecuencia; por ejemplo, cuando la mujer tiene que ser sometida por razones terapéuticas a una extirpación de ovarios.

Hasta aquí las diferencias con la definición anterior general de matrimonio son nulas, ya que se repite la triple finalidad y la intención de perpetuidad. Curiosamente, esta definición no es incompatible con el concepto de poligamia, ya que se podría contratar esa perpetuidad y exclusividad con varias personas. Por ejemplo, el Sr. A. podría celebrar uno o varios contratos matrimoniales con las Srtas. B, C, D, E, ...etc. . en la que cada una de ellas otorga un derecho perpetuo y exclusivo al Sr. A sobre su propio cuerpo.

Dejando aparte esas consideraciones, debe entenderse que matrimonio canónico es el celebrado ante la Iglesia católica con arreglo a los ritos y ceremonias por ella establecidos, inclusive tratándose de matrimonio de mixta religión (v.).
El resto de la definición la omitimos, porque alude a la validez legal de este matrimonio, cuestión que -de momento- no es objeto de nuestra investigación.
Resumiendo todo lo hasta aquí dicho, la conclusión que se impone es que el matrimonio es un acto que será llamado civil o religioso dependiendo del oficio del tercero ante quien se celebre, que a su vez será un empleado del gobierno o un eclesiástico y que es independiente de la triple finalidad y de la intención de perpetuidad, que pueden o no concurrir, pero que no lo definen. 
Desde nuestra particular visión, nada de lo anterior tiene que ver con el matrimonio divino, entendiendo por este el instituido por Dios.

Nuestro Señor Jesucristo y el matrimonio
Nuestro Señor Jesucristo no se refirió directamente al matrimonio, sino que lo hizo indirectamente, y sólo a petición de un grupo de fariseos que le tocaron el tema, no con duda genuina sino que sólo como provocación. Tampoco estos fariseos le consultaron sobre el matrimonio en si mismo, sino sobre el divorcio. La respuesta de Jesús fue -ergo- sobre el divorcio, sin entrar en análisis sobre el matrimonio como tal.

¿Dios llega a nuestra vida?

No creo en el "tiempo". Creo en procesos que se producen en algo que llamamos "tiempo" por la necesidad que tenemos de verbalizar las cosas, hechos y pensamientos que percibimos. Dediqué un libro al análisis del tiempo al que remito al lector. De lo que ahora quiero hablar es de otra cosa.

A veces oímos decir que *Con el tiempo, Dios llegó a mi vida*. O simplemente *Dios llegó a mi vida* (dando por implícito que ello fue producto de un *proceso* que se dio en *el tiempo*). Descartado el elemento *tiempo* (por todas las razones que he dado en mi libro sobre el tema) yo creo que, en realidad, Dios no *llega a nuestra vida*, porque es Dios el que nos da la vida. Es al revés, nosotros llegamos a la vida gracias a Dios. Desde este punto de vista, la frase "Dios llegó a mi vida" no es mas que una muestra de arrogancia humana, como si uno fuera el centro del universo y atrae a ese universo hacia si. Y dentro de ese universo colocamos a Dios. Esto es rebajar a Dios, y ponernos a nosotros por encima de El. Es la perfecta antítesis del mandamiento "Amarás a Dios por sobre todas las cosas".

Dios no *llega a nuestra vida*, sino que nosotros llegamos a la vida gracias y por medio de Dios. Y permanecemos en la vida gracias a Dios.

Suponer que "Dios llega a nuestra vida" es dar por sentado que existimos antes que Dios, y esto -además de ser falso- es una blasfemia si así lo creemos.

Lo que en realidad sucede, es que no tenemos conciencia de lo anterior porque somos formados, educados y estamos inmersos en una cultura exclusivamente materialista. Aquí, la palabra exclusivamente es de tremenda importancia, porque no somos anti materialistas. Ya nos hemos explayado sobre nuestro rechazo a la antinomia materialismo-espiritualismo, como antinomia. No sólo no vemos antinomia, sino que estamos convencidos de que entre espiritualismo y materialismo hay un orden causal, en el que el espiritualismo ocupa la primer posición como orden generador. Dios es Espíritu y es el Creador de todas las cosas, ergo es el Espíritu el que creó la materia y no al revés como sostienen los exclusivamente materialistas (probablemente la mayoría de las personas).

De manera análoga, también nos manifestamos en contra de los exclusivamente espiritualistas que directamente niegan la materia, o que sin negarla la reducen a un nivel puramente negativo, y aun despreciable, inmundo o sucio. Si, como dice el Génesis, Dios creó todo y vio que todo lo que creó (materia) era bueno, no podemos estar de acuerdo con los que abominan de la materia y lo material, como antítesis de lo espiritual.

Dios no *llega a nuestra vida*, simplemente porque nunca se fue de nuestra vida. Dios es nuestra vida misma y aunque no vive por nosotros, nosotros si vivimos por El. La vida nos llega a través de Dios.

Lo que sucede -en cambio- es algo muy diferente, y es que nosotros nos alejamos de Dios, a veces conscientemente, pero la mayoría de las veces en forma inconsciente.

El alejamiento puede darse de dos maneras, o en dos diferentes situaciones :
  1. Por no haber nunca experimentado la fe.
  2. Por haberla perdido luego de experimentarla.
Ambas situaciones son comunes a ateos y agnósticos.

El segundo caso puede darse consciente o inconscientemente.

Veamos ahora una definición de FE :

*FE (CREER)

La noción de creer en el A.T. se expresa primariamente por una palabra hebrea que significa “estar seguro de” o “estar cierto de algo.” La palabra lleva la idea de confiar en o dar veracidad a un mensaje o confiar en alguien. También estos significados se llevan al concepto de fe del N.T. con la expresión de creer que enfoca nuestra fe en Cristo. La fe puede ser dirigida a un sujeto equivocado o ser incompleta, involucrando solamente el intelecto y la emoción (Luc 8:134) sin rendir la voluntad. La fe salvadora verdadera incluye (1) una total seguridad en cuanto a la fidelidad de Dios y la verdad de su palabra, en particular la proclamación del N.T. concerniente a Jesús y a su obra (cp. Heb_11:1) y (2) confiar en Dios por medio de Cristo que establece una relación personal de confianza y compromiso de toda la vida al objeto de la fe.
  • en general: Luc_17:5; Luc_18:8; Rom_10:17; Rom_14:23; 1Co_2:5; 2Co_5:17; Gál_5:6; Heb_11:1-40
  • salvación por (véase también JUSTIFICACION): Mar_16:16; Jua_1:12; Jua_3:16; Jua_3:36; Jua_6:40; Jua_6:47; Jua_11:25; Hch_16:31; Hch_27:18; Rom_1:16-17; Rom_3:22-31; Rom_4:5-8; Rom_4:16; Rom_5:1; Rom_11:20; Rom_15:25-26; Gál_3:2; Gál_3:6-12; Gál_3:24-26; Efe_2:8; Flp_3:9; Col_2:12; 1Ts_2:13; 2Ts_2:13; Heb_11:6; Heb_11:39; 1Pe_1:9; 1Jn_5:10
  • medio de la bendición y vida cristiana: Sal_36:7; Sal_37:5; Sal_40:4; Sal_64:10; Sal_118:8; Sal_147:11; Pro_3:5; Pro_29:25; Pro_30:5; Isa_26:3-4; Isa_50:10; Jer_17:7; Nah_1:7; Hab_2:4; Mat_21:21; Mar_9:23-24; Luc_8:48-50; Hch_3:16; Rom_4:3; Rom_14:23; Rom_15:13; 1Co_16:13; 2Co_1:24; 2Co_5:7; 2Co_13:5; Gál_5:6; Efe_3:17; Efe_6:16; Col_1:4; Col_1:23; Col_2:7; 1Ts_1:3; 1Ts_5:8; 1Ti_1:5; 1Ti_1:19; 1Ti_4:12; 1Ti_6:11; 2Ti_2:22; Flm_1:5; Heb_10:22; Heb_10:38; Heb_11:6; Stg_1:6; Stg_2:14-26; 1Pe_1:5; 1Pe_1:7-9; 1Jn_3:23; 1Jn_5:4

Datos Bibliográficos -Título: La Biblia de las Américas De Estudio - Edición: ©2000 -Editorial: The Lockman Foundation.

El acercamiento a Dios viene por las dos vías contrarias a las señaladas antes. O sea :
  1. Por la nueva experiencia de la fe.
  2. Por la recuperación de la fe perdida.
Es a estas dos a la que designamos en forma equivoca *Dios ha llegado a mi vida*. Por supuesto, Dios tiene un papel activo en relación a nuestra fe, pero nunca la determina. Siempre somos libres de creer o no en Él.

Podemos agregar otra mas : la renovación de una fe que no llegó a perderse del todo, pero que si menguó en algún grado.

Diálogo con Dios y eternidad

Para los que creemos en Dios, es fundamental el diálogo permanente con Él, sea en forma directa o a través de su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Ese diálogo es una parte de lo que se llama la oración. Digo una parte, porque al orar, pedimos algo o agradecemos algo (o ambas cosas a la vez) a Dios y a Jesús. La otra parte de la oración es, en realidad, una contraparte : es la respuesta de Dios y Jesús. Esta respuesta es, a veces, la parte mas difícil de reconocer, primero porque somos humanos y -como tales- falibles e imperfectos, y segundo porque puede venirnos por muy diferentes vías, lo que -unido a lo anterior- hace dificultoso darnos cuenta de cuando estamos ante una verdadera respuesta de la divinidad.

A veces Dios y Jesús nos responden por vía mental, a través de pensamientos inspiradores, que frecuentemente confundimos con ideas originales, pero que -en rigor- no lo son. O en parte lo son, pero inspiradas por Dios (en adelante incluyo dentro de este nombre a Jesús que -obviamente- es Dios).

Estoy convencido que todo pensamiento bueno o buena idea es por inspiración divina. Por el contrario, todo pensamiento o idea malo es de origen diabólico. Lo mismo con los hechos, a veces consecuencias de unos y otros pensamientos.

Pero hay que hacer una salvedad respecto de ideas que no son buenas porque son erróneas y no necesariamente maléficas, en el sentido que no están inspiradas en la intención de dañar a nadie. Estas son las típicamente humanas, creemos. Y lo son, por obra de nuestra imperfección, la que perdimos el día de la Caída. Claro que, según el Génesis, en su origen, aquella Caída fue también consecuencia de la tentación diabólica. Como producto de esta clase de ideas, a veces nos estancamos y no mejoramos. En otras oportunidades lo hacemos, pero lentamente. No obstante, si lo deseamos podemos pedir claridad, orientación y ayuda a Dios y a Jesús, y en esto consiste también la oración.

Otras veces, la respuesta divina viene por medio de otras personas, o por intermedio de hechos o sucesos, a través de los cuales Dios nos está enseñando. Y quizás esta es la manera mas difícil de darnos cuenta que, lo que esas personas nos dicen o hacen es la forma que Dios ha elegido para contestarnos, mostrarnos, o bien enseñarnos algo nuevo (para hacer o no hacer), o advertirnos de algo para evitar un mal, consejos todos que siempre serán fructíferos para nosotros, o -tal vez- para tener la oportunidad de brindarle un servicio al prójimo necesitado.

También creo que ni Dios ni Jesús dejan ninguna pregunta nuestra sin respuesta, sino que, nuevamente, si creemos no haber tenido respuesta, no fue porque no la hubo, sino porque nosotros no pudimos reconocerla, dada nuestra limitación humana y condición falible. Nuestro trabajo, en este sentido, consiste en perfeccionarnos en la tarea de tratar de descubrir lo que Dios y Jesús han querido decirnos o respondernos. Otras veces, sentimos positivamente que hemos sido respondidos, pero no alcanzamos a interpretar correctamente la respuesta. Es como que la vemos a medias, o nebulosamente. También esto requiere un trabajo idéntico y constante de nuestra parte para darnos cuenta.

Pero podemos estar seguros que ni Dios ni Jesús nos darán ningún consejo que implique un mal para nosotros ni para otros. Cualquier error o mala interpretación en ese sentido, siempre correrá por cuenta nuestra en virtud de nuestra falibilidad.

Nada es eterno, excepto la vida eterna.


Jesús vino al mundo para darnos la vida eterna, pero este dar no es una imposición sino una elección. Nuestro Señor Jesucristo nos ofrece la vida eterna. En nuestras manos esta el aceptarla o rechazarla. Fuera de la vida eterna nada es eterno. Siendo un concepto cuantitativo, eterno puede significar tanto *sin cantidad definida o limitada* como *cantidad ilimitada*. Ambas expresiones trasmiten la misma idea o noción.

El requisito para obtener esta vida eterna es simplemente creer en Él. En esto consiste la salvación. Y solo El es nuestro Salvador.

Jesús aclaró que esa vida eterna que nos ofrece ,la tengamos en abundancia :


Jua_10:10 El ladrón sólo viene para robar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.


Y nos dice el comentarista :

"vida…en abundancia. Jesús está describiendo algo más que existencia biológica. La vida en abundancia habla de una vida que en su totalidad depende de la provisión y protección del Pastor. Jesús se identifica con el Señor y el Pastor mesiánico (Sal 23:1; 80:1–2; Is 40:11; Jer 31:10; Ez 34:23–24; 37:24). Pero a diferencia de los pastores palestinos que en raras ocasiones darían su vida, el propósito de Jesús fue dar su vida en expiación por los pecados y ofrecer salvación (cp. Mt 20:28; Gá 1:4; 1 Ti 2:6; 1 P 2:24; 1 Jn 2:2)."

La vida es la vida eterna, y la abundancia se refiere a la calidad de esa vida. Que incluye la biológica.

Sólo en Dios y en Nuestro Señor Jesucristo podemos confiar.


En ningún ser humano podemos depositar nuestra confianza porque son seres falibles. Solo Dios y Jesús son infalibles. Ergo, solo en Dios y Jesús podemos confiar. Ellos nunca fallan.

Naturalmente, esta abierta al hombre la opción de :
  1. No confiar ni en los hombres ni en Dios.
  2. Confiar en otros hombres y no en Dios.
  3. La de confiar en ambos : en los hombres y en Dios.
  4. O, la de hacerlo solamente en Dios.
Nuestra opción es la cuarta, sin duda. Descartamos de plano las opciones 1 y 2, y en cuanto a la 3, creemos que conduce a muchas frustraciones, además de no ser algo querido por Dios ni por Jesús. Esto último es -a su vez- lo que juzgamos el origen de esas frustraciones : no depositar enteramente nuestra confianza en Dios y Jesús.

¿Y que hay de la confianza en si mismo de la que tanto se habla?. En principio, este es un concepto relativo exclusivamente a los hombres entre si. E, indudablemente, lo realmente sano es confiar en uno mismo antes que en otras personas (por muy cercanas y queridas que sean).

Por lo demás, Dios puso ciertas potencialidades en nosotros que son exclusivamente nuestras y de nadie mas en el mundo. Si Dios las puso en nosotros, es para que las cultivemos y perfeccionemos. Si no, no lo hubiera hecho.

Pero uno no puede confiar mas en uno mismo que en Dios. Porque si no confiamos en Dios importa que nos estamos enfrentando con El. Y esto nos parece decididamente mal. No hay que minusvalorarse en relación a nuestros semejantes, lo que no debe confundirse con la arrogancia o la soberbia.

Pero, claro esta, no confiar en los hombres no nos autoriza a tratarlos mal, sino con cautela, mas o menos extrema , la que -en rigor- consiste en no cifrar en ellos mayores expectativas, que superen las que un simple ser humano puede ofrecer. Una desconfianza absoluta nos llevaría al aislamiento total. Una desconfianza prudente (dependiendo de cada persona) es mas saludable. Implica estar atentos y vigilantes para prevenir daños o excesos del prójimo. A veces, nos quieren hacer un bien y terminan haciéndonos un mal. Recordemos que nadie -sino solo Dios y Jesús- nos conoce totalmente. Ni siquiera nosotros a nosotros mismos.

No confiar no implica dejar de lado el mandato supremo "Ama a tu prójimo como a ti mismo" porque no se nos obliga a confiar, sino a amar, en el sentido mas amplio que puede tener y, en rigor, tiene este último término. Confiar implica esperar algo de otro/a, en tanto que amar es un dar, que no depende de nada que otro/a nos de o devuelva a cambio. Tampoco amar implica un dar material (aunque de ningún modo lo excluye). En cambio, puede ser un dar espiritual, como afecto, benevolencia, buena voluntad, bien querer, buenos deseos, simpatía, etc. y -repetimos- no excluye también un dar material (pero no lo exige). Aunque somos conscientes que el vocablo "amor" se concibe generalmente -hoy en día- en términos materialistas y -muchas veces- en exclusivamente materialistas.

Claro que se puede amar y esperar recibir a cambio amor, fidelidad, buen trato, palabras dulces, regalos materiales o lo que fuere del ser amado. Pero ese esperar no es amor, sino la confianza de la que hablamos antes. Confianza en que recibiremos o que -al menos- nuestro ser amado nos debe algunas de esas cosas, o todas ellas. Eso no es amor, sino simplemente confianza, aunque suele confundírsela con el amor.

Solamente en Dios y Jesús podemos confiar plenamente y amarlos al mismo tiempo.